
Artículo del Reverendo Josho Adrian Cirlea
Traducido por Juan Sebastian Hincapié Arana
No importa a dónde vaya, o lo que haga, sigo siendo el mismo.
Ya sea que esté en mi habitación, en un templo o incluso en presencia de las reliquias del Buda[1], donde estaba hoy, sigo siendo el mismo.
Llegué al santuario de las reliquias con la mente distraída, me quedé allí y rendí homenaje con la mente distraída y me fui de casa con la misma mente distraída. Hice esto o aquello, circunvalación, gassho, etc., pero mi mente seguía siendo la misma. Cuando me di cuenta de esto, dejé de hacer esto y me quedé sentado. Solo estar allí y decir Nembutsu fue suficiente.
Estuve y siempre estoy en presencia del Buda Amida, entonces, ¿qué más necesito hacer? ¿Qué debe hacer un niño en presencia de su padre o de su madre? Nada. De verdad nada. Simplemente se queda allí y se siente aceptado. No se requiere nada especial. Solo sentado allí me di cuenta de nuevo que todo está bien.
Mi mente nunca puede estar en paz. Ya que el Buda y yo conocemos esta simple verdad, simplemente sentarnos en Su presencia es suficiente.
Namo Amida Bu. El problema de mi vida y mi muerte se resuelven de una vez por todas sin que yo haga nada especial.
[1] Escribí este breve fragmento después de asistir a una exposición con las reliquias del Buda y varios sabios budistas.